Psicología para adultos

¿Qué entendemos por psicoterapia de adultos?

La psicología de adultos es un área muy amplia de la psicología que comprende todas aquellas dificultades que pueden surgir en las personas en edad adulta, es decir, a partir de los 18-20 años, cuando ya se considera la personalidad formada y el joven adulto con las capacidades y necesidades propias de un adulto.

¿Qué problemas trata la psicología de adultos?

Esta gran área implica tres tipos de dificultades:

  • Dificultades del Self o individuales: aquellas que tienen que ver con la relación de uno consigo mismo, el ser y estar en el mundo. Todos tenemos una tendencia individual estable a vivir y reaccionar ante determinados acontecimientos de una determinada manera que, en ocasiones, puede generar sufrimiento e incluso sintomatología (ansiedad, procrastinación, pensamiento en bucle…).

  • Dificultades que conllevan un diagnóstico clínico: (trastornos de ansiedad, depresión, trastorno obsesivo-compulsivo, etc.) aparecen cuando la sintomatología o el sufrimiento de la persona interfiere notablemente en su vida, dificultándola e incluso limitándola.

  • Dificultades derivadas del contexto socioafectivo: que generan sufrimiento o incluso sintomatología a causa de una dificultad inherente al contexto de la persona (crisis vitales, dificultades laborales, dependencia emocional, etc.). Suelen ser reactivas, es decir, el malestar surge como consecuencia de un acontecimiento interno o externo.

¿Cómo puede ayudarte un psicólogo especializado en adultos?

En primer lugar, intentaremos entender qué le ocurre a la persona que sufre, cuál es el origen de ese sufrimiento y por qué le afecta en este momento. Paralelamente, se trabaja para dar sentido a lo que ocurre y disminuir el malestar.

En esencia, se pretende ayudar a la persona a realizar una transformación interna y detectar los cambios externos necesarios para vivir de una forma plena y satisfactoria.

¿Cuándo acudir a un psicólogo de adultos?

La sintomatología es siempre un indicador objetivo de la necesidad de un abordaje psicológico. De hecho, la función de los síntomas es, a menudo, frenar a la persona en algo que le está perjudicando. Entendemos por síntoma una manifestación observable y subjetiva de un sufrimiento, como ansiedad, angustia, apatía, melancolía, cansancio, pensamientos intrusivos, insomnio, dolores, irritabilidad, entre otros.

En otras situaciones puede no haber una sintomatología clara, pero sí una vivencia de malestar que interfiere en la vida cotidiana y puede generar una sensación de vacío o estancamiento vital:

A veces son las personas de nuestro entorno quienes reflejan dificultades que nosotros no vemos.

¿Qué puede aportar la psicoterapia? Beneficios del proceso terapéutico en adultos

Cuando hay sufrimiento, disponer de un espacio donde sentirse entendido, aceptado y acompañado emocionalmente genera desde el primer momento una sensación de confort y calma. A partir de esta base, el siguiente paso es comprender el porqué de ese sufrimiento o sintomatología. A veces la relación es muy clara, pero en otras ocasiones será necesario un proceso exploratorio más profundo.

Poder dar sentido al sufrimiento siempre genera alivio y favorece la aparición de motivación y capacidades para realizar los cambios necesarios o afrontar las dificultades.

En esencia, un proceso psicoterapéutico es un proceso de cambios internos estructurales de la persona que generan cambios externos, tanto en la propia persona como en su relación con el entorno. Es un proceso complejo y, en ocasiones, no exento de sufrimiento, que requerirá un acompañamiento cercano y estable que genere la confianza y seguridad necesarias para abordar y afrontar las dificultades.

FAQS

Preguntas frecuentes sobre psicología de adultos

La duración de un proceso terapéutico es muy variable y depende de factores como la naturaleza y gravedad de las dificultades, los objetivos planteados y la implicación de la persona en el proceso. Algunas personas experimentan mejoras significativas en pocos meses, mientras que otras optan por un acompañamiento más prolongado para trabajar aspectos más profundos de su personalidad o historia de vida. En cualquier caso, la duración siempre se acuerda conjuntamente entre el profesional y la persona atendida.
En absoluto. Acudir a un psicólogo es una decisión de cuidado personal, igual que ir al médico para una revisión. Muchas personas inician un proceso terapéutico simplemente porque sienten que quieren crecer, comprenderse mejor o gestionar de forma más saludable los retos del día a día, sin que necesariamente exista un diagnóstico clínico. Buscar ayuda profesional es un acto de responsabilidad y valentía hacia uno mismo.
La relación terapéutica es uno de los factores más determinantes para el éxito del proceso. Es importante sentirse cómodo, escuchado y no juzgado desde el primer momento. Si después de las primeras sesiones la persona no se siente suficientemente segura o conectada con el profesional, es completamente válido y recomendable buscar otra figura terapéutica que se adapte mejor a sus necesidades. Un buen psicólogo siempre respetará esta decisión.
Sí, en muchos casos la psicoterapia y el tratamiento farmacológico se complementan de manera muy efectiva, especialmente en situaciones donde la sintomatología es intensa y dificulta el trabajo terapéutico. La medicación puede ayudar a estabilizar el estado emocional de la persona, facilitando así una mayor disponibilidad para el trabajo psicológico. Siempre es recomendable que el psicólogo y el psiquiatra o médico de cabecera se coordinen para ofrecer un abordaje integral.